martes, 6 de marzo de 2012

No podemos contentar a todo el mundo

Nos suele preocupar demasiado lo que los demás piensan de nosotros. Eso ocurre principalmente por alguno de los siguientes motivos:     1) baja autoestima à no contamos con nuestra propia aprobación,       2) confusión interior à no sabemos claramente lo que queremos, pues si lo supiéramos nuestras energías estarían focalizadas en conseguir nuestros objetivos y a fin de cuentas: ¿qué importa lo que opinen los demás si nosotros lo tenemos muy claro?,     3) inseguridad à no confiamos en nosotros mismos, o somos demasiado perfeccionistas y no soportaríamos equivocarnos.
Entonces, aparte de reforzar nuestra autoestima, intentar clarificar nuestras metas, arriesgarnos y potenciar la autonomía personal, también deberíamos ser conscientes -conscientes de verdad, quiero decir- de que no podemos contentar a todo el mundo. Es un hecho probado que, aunque hagamos lo imposible por los demás, siempre les decepcionaremos en algún momento y, a veces, puede que incluso les hagamos salirse de sus casillas. Esto es así porque cada persona es diferente y tiene sus propias expectativas (llamémosles “neuras”) respecto a nuestra persona y lo que deberíamos hacer y no hacer, decir o callarnos si fuéramos una persona “com cal”. Y eso ocurre, no solo cuando estamos ante un grupo de gente muy diversa sino incluso con una sola persona (nuestra pareja, nuestro jefe, nuestro hijo, nuestra madre, el tío Andrés, etc.): por mucho que intentemos complacerlo/la nunca lo conseguiremos del todo. Somos imperfectos, ¡qué le vamos a hacer! Entonces, ¿por qué no aceptarlo y vivir de forma más relajada?

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