martes, 21 de agosto de 2012

¿Qué hacer para que (mi pareja, mi hijo, mi jefe, mi vecino, etc.) cambie?


Algunas preguntas deben reformularse. De lo contrario, entramos en un círculo vicioso del que no salimos. Digámoslo claro, ni yo (ni tú, ni nadie) podemos cambiar a otra persona si no quiere. Y para que quiera, deberá percibir que obtiene algún beneficio del cambio, o que sufre alguna pérdida (o, simplemente, a partir de ahora no va a conseguir los beneficios esperados) si no cambia. Y es ahí donde podemos incidir, únicamente ahí, aumentando o disminuyendo la probabilidad de que ese cambio deseado ocurra. En otras palabras, primero cambiamos nosotros. Y luego, puede ocurrir que:

  1) Como resultado de nuestro cambio, el otro/a también cambie en alguna medida. Por ejemplo, tu hijo adolescente se niega a limpiar su habitación, y tú (en lugar de largarle un sermón como acostumbrabas a hacer) le anuncias que si no lo hace no le vas a dejar salir con sus amigos este fin de semana, y él/ella rectifica su actitud.

  2) La otra persona no cambia, pero al cambiar nosotros nuestra actitud frente al comportamiento del otro/a:  a) nos sentimos mejor y,    b) liberamos energía para emplearla en otras cosas más productivas,    Por ejemplo, tu jefe te trata mal, te echa broncas inmerecidas, etc. y tú (en lugar de callarte y darle después mil  vueltas en tu cabeza) esta vez  le expresas tu malestar de forma asertiva. Él te dice que eres muy susceptible y no te hace ningún caso. Pero tú,  te sientes mejor por haber sido capaz de defenderte de alguna manera, de haber plantado cara a la situación. Piensas que has hecho lo correcto a pesar de todo. Y, en lugar de malgastar energía lamentándote, decides que no le vas a dar tanta importancia de ahora en adelante y que intentarás mejorar tu vida de otras maneras.

3) No conseguimos nada de lo anterior pero, al menos hemos aprendido algo y podemos seguir probando nuevas opciones hasta conseguir algún avance,   Por ejemplo, tu vecino te molesta poniendo la música muy alta y tú (en lugar de callarte como otras veces) le pides que, por favor, baje la música. Se niega y tú te sientes igual o peor, pero has aprendido que por esta vía no vas a conseguir nada y decides probar otra cosa (llamar a la guardia urbana, ponerte tapones en los oídos, etc.)

 4) No sólo no conseguimos nada positivo sino que, incluso, la situación empeora. En este caso, podemos:      a) intentar discernir si este “empeoramiento” es tan sólo un efecto secundario de un cambio positivo que se dará a más largo plazo, en cuyo caso debemos mantener nuestra posición y esperar (por ejemplo, alguien nos manipula a través de la culpa y al mostrarnos más asertivos, esta persona aumenta su “apuesta”, es decir, intenta hacernos sentir todavía más culpables. Si en ese momento, nos echamos para atrás, la conducta negativa del otro se hará más resistente, pero si sabemos mantener nuestra postura con firmeza el tiempo suficiente, su conducta se debilitará)    b) echar marcha atrás y probar nuevas opciones si creemos que nos hemos equivocado. Por ejemplo:   a) volviendo al primer caso del adolescente que no limpia su habitación, al decirle que le vas a castigar si no lo hace, se pone a vociferar y pegar patadas a su armario. Decides, no obstante, que has hecho lo correcto y que sólo es cuestión de esperar a que vea que la cosa va en serio y no te dejas intimidar, o     b) en el caso del jefe maltratador, ves que al quejarte todavía se ensaña más contigo, con lo cual decides que es mejor ir buscando otro trabajo (o hacerle la pelota para ver si así te deja en paz)

De alguna manera, en todos estos ejemplos en lugar de lamentarte y/o esperar que el otro “entre en razón” o “se enamore de ti y cambie”, o “madure”, o el psicólogo te dé alguna fórmula mágica para hacerle cambiar, etc. etc. te das cuenta de que únicamente tú puedes “mover ficha” y eso independientemente del grado de razón que te asista. En otras palabras, no importa lo justa o injusta que sea la conducta del otro: si tú esperas que el cambio venga de fuera, sin más, eso con toda probabilidad no va a ocurrir. Todo lo más que puedes esperar es que los demás te den la razón o te compadezcan, es decir un premio de consolación, pero la situación no cambiará si tú no haces algo diferente.

Finalmente, añadir que cuando deseamos un cambio (propio o ajeno) ha de formularse preferentemente en términos de una conducta concreta, no de manera de ser, de pensar o de sentir. Por ejemplo, si tu pareja no ayuda en las tareas de la casa, no esperes que sea más “responsable” o que “entienda” que tú ya estás haciendo muchas cosas sino, más bien, plantéate como objetivo simplemente que te ayude en las tareas de la casa (con un poco de suerte, entenderá quizás que eso es lo justo pero si no lo hace…)


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