viernes, 15 de junio de 2012

¿Preocuparnos u ocuparnos? ¿cavilar o reflexionar? ¿comernos el coco o actuar?

  La preocupación es, en la mayoría de los casos, una cavilación estéril que no nos conduce a la solución del problema ni tampoco a sentirnos realmente mejor. Otra cosa diferente es el análisis reflexivo, el ocuparse de algo. Podemos confundir ambas cosas pero no son lo mismo.

Cuando nos preocupamos, normalmente:

-       Nos centramos en el problema y tendemos a magnificarlo, le damos 1.000 vueltas (normalmente en círculo volviendo una y otra vez a las mismas conclusiones), etc.

-       Tendemos a juzgar o a juzgarnos. Buscamos faltas, errores, culpables…

-       Hacemos simplificaciones excesivas, tendemos al blanco/ negro, a la dramatización…

-       Insistimos en conocer el por qué, tendemos al victimismo…

-       Tendemos a abordar las situaciones de manera general y global

A diferencia de cuando nos ocupamos de forma responsable y madura de algo en que:

-     Nos centramos en la búsqueda de soluciones, la reparación o la prevención.

-     Tendemos a relativizar, a no agrandar el problema, a analizar de forma objetiva y racional…

-     Intentamos comprender en lugar de juzgar,

-     Tenemos en cuenta la complejidad, intentamos ver las cosas desde diferentes ángulos…

-     Nos enfocamos más bien en el futuro, miramos hacia adelante en lugar de hacia atrás, buscamos el “cómo” (¿cómo puedo hacer para mejorar X o para sentirme mejor?) en lugar del “por qué” (¿por qué me pasa esto?, ¿por qué fulanito/a no entiende esto o no hace lo otro?, etc.)

-     Tendemos a abordar las situaciones paso a paso, y de forma concreta.

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