viernes, 13 de abril de 2012

El "fracaso" no anula el sentido

Como muy bien explican Anna Forés y Jordi Grané en su libro “La resiliencia”, el fracaso (o lo que entendemos por fracaso) no anula el sentido. Para comprenderlo, hay que diferenciar éxito –en el sentido convencional del término, es decir, la consecución de un objetivo que nos hemos propuesto-  de sentido. Algunos de nuestros proyectos o acciones no tienen éxito, es decir, no producen el resultado que esperábamos, pero eso no significa que estén desprovistos de sentido. Por ejemplo, yo puedo intentar ayudar a alguien y no conseguirlo pero aún así tener sentido lo que he estado haciendo. O puedo llevar una vida desprovista de éxitos convencionales (como una casa, una profesión exitosa, una familia, hijos, riquezas, etc.) pero haber alcanzado una profunda paz interior u otros logros menos materiales, o simplemente “sentir” que mi vida es valiosa, sin más y/o, todavía más sencillo, ser capaz de levantarme (casi) todos los días con ilusión. El sentido es mucho más importante y nos enriquece mucho más que el éxito. Ahora bien, si conseguimos los dos… es aquello de que a nadie le amarga un dulce, claro.

Para los/las que queráis profundizar más en este tema, os recomiendo el excelente libro de Víktor Frankl “El hombre en busca de sentido”, un fragmento de la biografía de un hombre que habiendo estado preso durante varios años en campos de concentración nazis y habiendo sobrevivido a la muerte de toda su familia en esos campos (sus padres y su esposa), fue capaz no sólo de conservar la ilusión por la vida sino de difundir su experiencia en múltiples foros internacionales, escribir más de 30 libros y crear una psicoterapia basada en la búsqueda del sentido de la vida. La esencia de lo que predicó está contenida en la famosa frase de Nietszche “quien tiene por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”.

No puedo resistirme a citar algún pasaje del libro:

-       “Una tarde… uno de los prisioneros entró corriendo para decirnos que saliéramos al patio a contemplar la maravillosa puesta de sol y, de pie, allá fuera, vimos hacia el oeste densos nubarrones y todo el cielo plagado de nubes que continuamente cambiaban de forma y color desde el azul acero al rojo bermellón, mientras que los desolados barracones grisáceos ofrecían un contraste hiriente cuando los charcos del suelo fangoso reflejaban el resplandor del cielo. Y entonces, después de dar unos pasos en silencio, un prisionero le dijo a otro: ¡qué bello podría ser el mundo!”

-        “El sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora… Cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto”

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