jueves, 23 de febrero de 2012

Ranas y seres humanos: ¿nos parecemos en algo?

  Dicen que si ponemos una rana en una olla de agua hirviente, inmediatamente intenta salir. Se quema, pero se salva. En cambio si la ponemos en una olla con agua templada y la vamos calentando lentamente, la rana no reacciona. A medida que la temperatura aumenta, está cada vez más aturdida y, finalmente, no está en condiciones de salir de la olla. Aunque –aparentemente- nada se lo impide, la rana se queda allí y se cocina. ¿Por qué? Porque su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales. Y me/ te pregunto: ¿existe algún parecido con lo que nos sucede a los seres humanos en algunas situaciones como, por ejemplo, la ”reforma laboral” y/o los sacrificios que se nos están pidiendo para sanear la economía?. Y más allá de la política y aplicado a otros contextos de la vida cotidiana:  ¿existe algún parecido con otras situaciones en que, poco a poco, nos “adormecemos” hasta quedarnos atrapados  en algo (una relación, un trabajo, una forma de vida, etc.) que realmente no deseamos pero que con el paso del tiempo hemos ido aceptando resignadamente, poquito a poco y sin una clara conciencia de lo que estábamos aceptando?


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