martes, 20 de diciembre de 2011

Tengo un problema porque tengo -o tuve- un problema

O “¿qué problema tengo para tener ese (otro) problema?” Es una explicación que a menudo buscamos para intentar resolver un conflicto interior o una conducta disfuncional y que, de esta manera, atribuimos unas veces a una característica negativa de nuestra personalidad y otras a unas circunstancias externas desafortunadas o a un pasado que nos marcó.

Ejemplo 1: “Me cuesta confiar porque soy una persona insegura (o tengo poca autoestima)”

Ejemplo 2: “He cometido muchos errores porque soy muy impulsivo/a”

Ejemplo 3: “Bebo demasiado porque mi pareja no me comprende (o porque tengo problemas en el trabajo)”

Ejemplo 4: “Me cuesta relacionarme porque, de pequeño, sufrí malos tratos”

Esas “respuestas” o atribuciones de causa-efecto nos pueden producir un alivio de nuestro malestar, aunque sólo sea temporal (explicar y poner nombre a las cosas nos da una sensación de control) pero …    a) Si bien, en algunos casos, nos pueden ayudar a buscar una solución, no son “la solución” al problema à entender cómo hemos llegado hasta donde nos encontramos no necesariamente nos llevará a cambiar la situación en el presente,      b) Podemos utilizarlas inconscientemente como una justificación para no responsabilizarnos de nuestra conducta y no cambiar nada,     c) Podemos alimentar la fantasía de que una comprensión de las causas “reales” del problema, nos evitará el esfuerzo que todo cambio exige, y/o que la “varita mágica” del terapeuta (o el “insight”, etc.) hará el trabajo por nosotros,      d) Un por qué siempre lleva a otro por qué y así podemos entrar en una cadena sin fin y pasar años haciendo terapia,       e) Las causas reales de las conductas suelen ser muy complejas y difíciles de determinar con exactitud, intervienen muchas variables incluso en los comportamientos más sencillos y es muy improbable que lleguemos a conocerlas todas,     f) Aunque muchas conductas tengan su origen en el pasado, a menudo se mantienen en el presente por motivos diferentes al original.

La alternativa a buscar la causa, el “por qué”, consiste en pasar de:  1) una orientación al problema (“¿por qué…?” lo cual, en el mejor de los casos, sólo unos llevará a una comprensión puramente intelectual) a una orientación a la solución (“¿cómo puedo /qué puedo hacer para superar ese problema?” lo cual sí nos llevará a hacer algo diferente, a acciones concretas para promover un cambio),    2) un enfoque centrado en el pasado a un enfoque centrado en el presente (a través del presente, además. si lo observo en profundidad, aflorará también el pasado en la medida de lo necesario para entender lo que haya que entender, es decir lo esencial)

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