domingo, 8 de julio de 2012

La teoría la tengo clara, pero la práctica...


Es un comentario que sale con frecuencia en mi consulta, y sobre el que quisiera hacer una pequeña reflexión. Si tienes clara la teoría, pero a la hora de la verdad no consigues ponerla en práctica es justamente por eso, porque te falta la “práctica”. Es así de sencillo. Si tu conoces perfectamente el diseño de un coche y su funcionamiento, sólo con esto ¿ya sabes conducir? No, ¿verdad? Y ¿por qué? Pues porque tienes que coger el coche y practicar. Te pongo otro ejemplo, si tú ya eres plenamente consciente de que fumar perjudica seriamente la salud, ¿con eso ya te basta para dejar de fumar? Pues no. Entonces, ¿qué falta? Diseñar un plan o unas estrategias para dejar de fumar (por ejemplo, utilizar alguno de los métodos que te pueden ayudar), o bien en este caso, dejarlo sin más y aguantar el “mono”. Pero, siempre tienes que hacer algo: de forma mágica, no vas a conseguirlo. En otras palabras, por más clara que tengas la teoría en la mayor parte de casos, no va a ser suficiente para conseguir un cambio.

Ah, pero volvamos al ejemplo del tabaco: ¿y si averiguáramos las causas por las que fumas (o por las que haces cualquier otra cosa)? Bueno, imagina que llegamos a la conclusión de que empezaste a fumar en la adolescencia, un poco por la presión del grupo de tus iguales, un poco porque esto era un acto de rebeldía contra tus padres, etc. o porque tienes una fijación en la etapa oral o por el motivo XY. Ah, ¿entonces ya dejarás de fumar? Pues… eso… ejem… me parece que no es suficiente tampoco.

Entonces, tanto si tu problema es que tiendes a ver las cosas de manera muy negativa como que tienes crisis de ansiedad o alguna fobia (por poner algunos ejemplos), y te has leído muchos libros de autoayuda y demás, has escuchado miles de consejos bienintencionados, te has prometido un montón de veces que cambiarías, etc. y has conseguido cero resultados, ¿qué tienes que hacer? Pues, habrá que diseñar unas estrategias concretas adecuadas a tu caso particular para que lo puedas superar, para que se produzca el cambio deseado. Y, acto seguido (y ahí está el quid de la cuestión), deberás ponerlas en práctica, repetir determinados procedimientos una y otra vez, lo cual requerirá esfuerzo y constancia y, con toda probabilidad, hacer cosas que quizás no te apetezca hacer o que, incluso, inicialmente te provoquen mayor inestabilidad. En otras palabras, práctica, práctica y práctica.

 Y te aconsejo que no te fíes de métodos “milagrosos” que te prometen cambios demasiado rápidos y sin apenas esfuerzo por tu parte (no se dan duros a cuatro pesetas), ni tampoco que esperes que el psicólogo/a u otro profesional de la ayuda haga todo el trabajo por ti o tenga una varita mágica que te dará la clave definitiva de tus problemas.

Por lo que se refiere a los libros de autoayuda, yo recomiendo su lectura porque te ayudan a ser más consciente de lo que te pasa y suelen aportar información muy útil, pero los ejercicios que a veces traen son demasiado “talla única”, a veces no sirven para un caso concreto, aparte de que los tienes que hacer por libre, sin supervisión y eso es más complicado. Y lo peor de todo, es que en muchos casos, ni siquiera intentamos ponerlos en práctica. Con lo cual, los lees, te sientes mejor pero después todo vuelve a estar como antes.

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