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miércoles, 29 de agosto de 2012

Sugerencias antidepresivas


He aquí algunas sugerencias que pueden resultar útiles para combatir o prevenir la depresión:

§  No permanecer en la cama más allá del horario habitual de levantarse

§  Realizar actividades que antes de la depresión proporcionaban placer y satisfacción.

§  Actuar, moverse, hacer cosas. La acción es un potente antidepresivo

§  Realizar ejercicio físico.

§  Realizar actividades en la naturaleza

§  Cuidar el aspecto físico

§  Cuidar la alimentación

§  Cultivar unos buenos hábitos de sueño.

§  Reservar tiempo para nosotros mismos, para cuidarnos, para mimarnos. Hacer cosas “especiales” para nosotros mismos.

§  Ampliar el círculo de amistades y/o recuperar algunas de las que nos hemos alejado.

§  Expresar las emociones, compartir preocupaciones, ilusiones, etc. Abrirnos a los demás y al mundo, afrontando nuestro temor a ser rechazados, incomprendidos, etc.

§  Hacer cosas que nos hagan sentir útiles y nos impidan “mirarnos demasiado el ombligo”: por ejemplo, actividades de voluntariado, escribir un blog, trabajar en algo que al menos antes nos gustaba, ayudar a alguien, participar en algún proyecto cultural o colectivo, cuidar de algún animal de compañía, etc.

§  Prestar atención a la forma en que nos hablamos a nosotros mismos, procurando ser tolerantes y comprensivos con nuestras debilidades o carencias, con nuestros errores, con las necesidades de nuestro niño/a interior (aquella parte más frágil y vulnerable de nosotros mismos)

§  Sexualidad à no fingir deseo si no se tiene, valorar la alternativa de juegos sexuales sin llegar a un relación sexual completa.

§  Aprender a matizar, a ver las cosas en un continuum (en lugar de “blanco/ negro”)

§  Evitar cultivar el gusto por la tristeza. Para algunas personas frágiles puede ser como el sabor de la sangre para los vampiros.

§  Evitar cavilar, rumiar el “por qué” de las cosas, etc. En lugar de eso, intentar ver “cómo” se ha generado la tristeza, “cómo” podemos salir de ella, etc. o/y hacer un listado de los problemas o preocupaciones que nos roban la serenidad, que nos desbordan.

§  Aceptar la imperfección (de nosotros, de los demás y del mundo en general). El perfeccionismo desempeña un papel agravante en muchos trastornos.

§  Controlar los pensamientos sombríos, evitar entregarnos a la autocompasión.

§  Procurar tener personas con las que comentar los problemas, pero sin llegar al victimismo. Evitar hablar sólo de nosotros mismos y escucharles también a ellos/as en sus preocupaciones cotidianas, anhelos, etc.

§  Estimular el cerebro à asistir a charlas interesantes, ver documentales inteligentes, leer blogs que nos aporten cosas, ir al teatro, visitar museos, viajar, etc.

§  Ver la tristeza (suave) como una amiga que al tiempo que nos señala nuestras debilidades y límites, nos incita a disfrutar de la vida en el presente

 

domingo, 26 de agosto de 2012

Vivir sin jefe


Vivir sin jefe, es decir, crear tu propio puesto de trabajo puede ser una alternativa a la actual situación laboral. Un ingrediente importante para el éxito en esta empresa es hacer algo que te guste, que te apasione, no cualquier cosa sólo para sobrevivir. La motivación para la tarea en sí, y no únicamente para obtener dinero y pagar facturas, tiene que ser el combustible que te permita recorrer el camino para llegar a la meta. El camino puede ser largo, plagado de obstáculos (o no) pero si es un “camino con corazón”, como decía Castaneda, habrá valido la pena.

Trabajar en algo que te guste, además, es como no trabajar, mejor aún, como estar siempre dedicado/a a tus hobbies, ¡y obtener dinero con ello! Es no estar pendiente de si es lunes o viernes, de si las vacaciones de verano se acaban o empiezan, de si son las siete de la mañana o las cinco de la tarde, etc. Es poder terminar con esa odiosa “esquizofrenia” entre trabajo y ocio, y fundirlos en uno solo. ¿Difícil? Tal vez, pero no imposible. Hay muchas personas que lo consiguen, ¿por qué no puedes ser tú una de ellas?

Sergio Fernández nos lo cuenta en esa entrevista publicada en youtube:


martes, 21 de agosto de 2012

¿Qué hacer para que (mi pareja, mi hijo, mi jefe, mi vecino, etc.) cambie?


Algunas preguntas deben reformularse. De lo contrario, entramos en un círculo vicioso del que no salimos. Digámoslo claro, ni yo (ni tú, ni nadie) podemos cambiar a otra persona si no quiere. Y para que quiera, deberá percibir que obtiene algún beneficio del cambio, o que sufre alguna pérdida (o, simplemente, a partir de ahora no va a conseguir los beneficios esperados) si no cambia. Y es ahí donde podemos incidir, únicamente ahí, aumentando o disminuyendo la probabilidad de que ese cambio deseado ocurra. En otras palabras, primero cambiamos nosotros. Y luego, puede ocurrir que:

  1) Como resultado de nuestro cambio, el otro/a también cambie en alguna medida. Por ejemplo, tu hijo adolescente se niega a limpiar su habitación, y tú (en lugar de largarle un sermón como acostumbrabas a hacer) le anuncias que si no lo hace no le vas a dejar salir con sus amigos este fin de semana, y él/ella rectifica su actitud.

  2) La otra persona no cambia, pero al cambiar nosotros nuestra actitud frente al comportamiento del otro/a:  a) nos sentimos mejor y,    b) liberamos energía para emplearla en otras cosas más productivas,    Por ejemplo, tu jefe te trata mal, te echa broncas inmerecidas, etc. y tú (en lugar de callarte y darle después mil  vueltas en tu cabeza) esta vez  le expresas tu malestar de forma asertiva. Él te dice que eres muy susceptible y no te hace ningún caso. Pero tú,  te sientes mejor por haber sido capaz de defenderte de alguna manera, de haber plantado cara a la situación. Piensas que has hecho lo correcto a pesar de todo. Y, en lugar de malgastar energía lamentándote, decides que no le vas a dar tanta importancia de ahora en adelante y que intentarás mejorar tu vida de otras maneras.

3) No conseguimos nada de lo anterior pero, al menos hemos aprendido algo y podemos seguir probando nuevas opciones hasta conseguir algún avance,   Por ejemplo, tu vecino te molesta poniendo la música muy alta y tú (en lugar de callarte como otras veces) le pides que, por favor, baje la música. Se niega y tú te sientes igual o peor, pero has aprendido que por esta vía no vas a conseguir nada y decides probar otra cosa (llamar a la guardia urbana, ponerte tapones en los oídos, etc.)

 4) No sólo no conseguimos nada positivo sino que, incluso, la situación empeora. En este caso, podemos:      a) intentar discernir si este “empeoramiento” es tan sólo un efecto secundario de un cambio positivo que se dará a más largo plazo, en cuyo caso debemos mantener nuestra posición y esperar (por ejemplo, alguien nos manipula a través de la culpa y al mostrarnos más asertivos, esta persona aumenta su “apuesta”, es decir, intenta hacernos sentir todavía más culpables. Si en ese momento, nos echamos para atrás, la conducta negativa del otro se hará más resistente, pero si sabemos mantener nuestra postura con firmeza el tiempo suficiente, su conducta se debilitará)    b) echar marcha atrás y probar nuevas opciones si creemos que nos hemos equivocado. Por ejemplo:   a) volviendo al primer caso del adolescente que no limpia su habitación, al decirle que le vas a castigar si no lo hace, se pone a vociferar y pegar patadas a su armario. Decides, no obstante, que has hecho lo correcto y que sólo es cuestión de esperar a que vea que la cosa va en serio y no te dejas intimidar, o     b) en el caso del jefe maltratador, ves que al quejarte todavía se ensaña más contigo, con lo cual decides que es mejor ir buscando otro trabajo (o hacerle la pelota para ver si así te deja en paz)

De alguna manera, en todos estos ejemplos en lugar de lamentarte y/o esperar que el otro “entre en razón” o “se enamore de ti y cambie”, o “madure”, o el psicólogo te dé alguna fórmula mágica para hacerle cambiar, etc. etc. te das cuenta de que únicamente tú puedes “mover ficha” y eso independientemente del grado de razón que te asista. En otras palabras, no importa lo justa o injusta que sea la conducta del otro: si tú esperas que el cambio venga de fuera, sin más, eso con toda probabilidad no va a ocurrir. Todo lo más que puedes esperar es que los demás te den la razón o te compadezcan, es decir un premio de consolación, pero la situación no cambiará si tú no haces algo diferente.

Finalmente, añadir que cuando deseamos un cambio (propio o ajeno) ha de formularse preferentemente en términos de una conducta concreta, no de manera de ser, de pensar o de sentir. Por ejemplo, si tu pareja no ayuda en las tareas de la casa, no esperes que sea más “responsable” o que “entienda” que tú ya estás haciendo muchas cosas sino, más bien, plantéate como objetivo simplemente que te ayude en las tareas de la casa (con un poco de suerte, entenderá quizás que eso es lo justo pero si no lo hace…)


miércoles, 8 de agosto de 2012

Al final, lo que realmente cuenta es lo que hacemos

 
De buenas intenciones está empedrado el infierno, hemos oído decir muchas veces. Y es totalmente cierto. Podemos saber, podemos ser plenamente conscientes de, podemos hasta tener un montón de teorías muy bonitas sobre lo que debemos hacer y no hacemos (o viceversa), pero todo ese conocimiento de nada nos servirá si no actuamos. O tal vez sí, pero sólo para sentirnos temporalmente mejor con el insight, con la luz  que nos ilumina por unos instantes fugaces (“ajá, entonces era eso!” o “ahora comprendo” o “esto es justo lo que me pasa”, etc.) y/o para autoengañarnos a nosotros mismos pensando que algún día lo haremos y así eliminar remordimientos o culpas. Es como cuando leemos un libro de autoayuda, nos gusta mucho, nos hace sentir mejor pero… después todo sigue igual, ¿por qué? Pues porque no hemos hecho nada, nos hemos limitado a leer y recrearnos en unas frases muy bonitas pero luego el libro se ha quedado olvidado en un rincón de nuestras estanterías y no hemos puesto en práctica ni uno solo de sus consejos.

Entonces, muy bien, ahora ya lo sabes (lo que sea que tengas que saber, que el tabaco provoca cáncer o que deberías hacer X o Y) pero ¿qué vas a hacer? Tienes muy buenas intenciones, ideas muy claras, pensamientos muy profundos pero ¿vas a hacer algo? Si no lo haces, el resultado va a ser el mismo que si no supieras nada. Por más que pontifiquemos, al final lo único que realmente contará será aquello que seamos capaces de empezar y terminar. ¿Una perogrullada? Si, tal vez pero creo que es útil recordarlo.

Y terminaré con una frase  de Ernie J. Zelinski, de su (altamente) recomendable libro “101 cosas que ya sabes pero siempre olvidas”: el mundo necesita más gente que haga cosas en lugar de los que sólo saben cómo pueden hacerse y se limitan a hablar de ello.

Si sabes, por ejemplo, que fumar mata pero sigues fumando es igual que si no lo supieras. Y, personalmente, me da mucha rabia cuando alguien dice “sí, si, ya sé que lo debería hacer pero no sé por qué no lo consigo hacer”







 

lunes, 30 de julio de 2012

Caminante, no hay camino...


  A menudo, la vida no nos ofrece caminos señalizados por los que transitar sin riesgo, y mucho menos a la medida de cada uno de nosotros, de nuestras individualidades, de nuestra idiosincrasia particular. De igual manera, no hay caminos “correctos” o “equivocados”, ni forma alguna de tener certeza absoluta de nada. Aprendemos experimentando, equivocándonos, caminando… Eso sí, podemos procurar llevar una buena brújula, un mapa de ruta actualizado y un calzado adecuado para hacer más cómodo y seguro el viaje pero poco más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, nos recuerda el poeta.. ¡Qué gran verdad! Sin acción, no hay aprendizaje verdadero. Los escritores y los poetas lo han descrito y comprendido todo mucho antes que los psicólogos. Escuchémoslo en boca de nuestro querido cantautor Joan Manuel Serrat:


lunes, 23 de julio de 2012

Chaplin vuelve a estar de actualidad

¡Qué hermoso discurso! Pronunciado en 1.940. Muchos de vosotros/as ya lo habéis oido, pero creo que nos hará bien a todos recordarlo una vez más. Un mensaje de esperanza, más potente que el Prozac y todas esas drogas cuyo consumo dicen ha aumentado un 30 % en España en los últimos tiempos. Ahora, simplemente, os pido que os quitéis (simbólicamente) el sombrero y escuchéis con humildad a ese genio que fue Chaplin:




viernes, 20 de julio de 2012

Indefensión aprendida


La indefensión aprendida es una condición psicológica en la que el sujeto ha aprendido a creer que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga será inútil. La teoría procede del psicólogo Martin Seligman quién expuso a dos perros, encerrados en sendas jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras que el otro no tenía medios para hacerlo. El tiempo de descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro detenía la descarga, el otro dejaba también de recibirla. El efecto psicológico inducido en ambos animales fue muy diferente: mientras el primero mostraba un comportamiento y estado de ánimo normal, el segundo permanecía quieto, gimoteando y asustado. Posteriormente, y al cambiar la condición para el segundo perro dándole la posibilidad de controlar las descargas, éste ya no intentaba hacer nada para evitarlas. En otras palabras, había aprendido a sentirse indefenso y a no luchar contra ello.
Posteriormente, se comprobaron fenómenos similares en el comportamiento humano, que se aplicaron sobre todo para explicar el mecanismo de la depresión. La conclusión es que, de alguna manera, si nos esforzamos una y otra vez para modificar una circunstancia adversa de nuestras vidas y no lo conseguimos, o bien nos “machacan” una y otra vez con que no podremos –sea por unas determinadas características personales o por factores del entorno supuestamente incontrolables- llegamos a un punto en que nos resignamos y dejamos de luchar. Y, aún cuando el contexto cambie, hemos perdido la confianza y tendemos a creer que definitivamente no podemos ni podremos.
Jorge Bucay lo ilustra con su cuento del elefante encadenado:

Indefensión aprendida es, en suma, todas las formas posibles de completar la frase “¿para qué… (si, total, no voy a conseguir nada)?” que hemos aprendido, a veces, de forma muy directa de educadores o progenitores con afirmaciones tipo “eres un/a X y nunca conseguirás Y?” o las múltiples variantes de “las cosas son como son, y (una persona como tú) no va a conseguir cambiarlas, no seas iluso/a”, o de manera más insidiosa a través de determinadas actitudes o mensajes menos claros pero igualmente poderosos. Los medios de comunicación contribuyen también a reforzar esa idea cuando, por ejemplo, nos bombardean constantemente con el problema de la crisis económica, presentándola como si fuera algo que únicamente depende de los mercados financieros y/o de factores incontrolables (y no de la codicia de unos pocos permitida por gobiernos inoperantes a la hora de establecer normas de regulación efectivas de estos abusos, y de la pasividad de muchos a la hora de exigir responsabilidades y proteger derechos a menudo logrados tras décadas de lucha). O cuando nos habitúan a ver imágenes de guerra, pobreza, terrorismo, machismo, violación sistemática de los derechos humanos, indefensión en suma sin apenas el contrapeso de alguna imagen de esperanza o de cambio real, presentándolo más bien como algo inevitable, fruto de la “fatalidad” del destino parece.
Hay muchos otros factores internos (y externos) que nos inmovilizan, que nos impiden tener esperanza, que nos impiden luchar por nuestros derechos, por nuestras legítimas aspiraciones y sueños como, por ejemplo, la tendencia a hacer aquello que a corto plazo nos resulta más cómodo, a evitar aquello que nos resulta doloroso aunque a la larga esa actitud nos perjudique seriamente.  O la “droga de la felicidad” en el mundo actual: el consumismo. O las drogas reales. De muchas formas nos pueden/ nos podemos adormecer. Pero de eso hablaremos más extensamente en otra ocasión.

martes, 17 de julio de 2012

Canto a la libertad

Ante, lo que considero, un atropello de los derechos básicos de las personas y el desmantelamiento progresivo del estado del "bienestar" que estamos viviendo; ante ciertas declaraciones de desprecio a la clase trabajadora y a la dignidad humana por parte de algunas/os diputadas/os; ante unos políticos que nos "gobiernan" y que obtuvieron sus escaños en base a un programa electoral fraudulento; y por mil razones más que están en boca de (casi) todos, ¿qué mejor que recordar esa canción interpretada por Labordeta?. Cantémosla todos juntos. Para restablecer nuestra confianza en que, finalmente, como ha pasado en otros períodos de la historia, la justicia vencerá a la injusticia, la desesperanza dará paso a la esperanza, el sol vencerá a las sombras... Hagámoslo posible entre todos. Lo necesitamos.

jueves, 12 de julio de 2012

Poesía necesaria como el pan de cada día


En estos momentos oscuros, difíciles, durísimos que estamos viviendo todos, con continuos recortes y amenazas de recesión, sin ningún horizonte a la vista, la poesía es más necesaria que nunca como antídoto contra esa ola de pesimismo generalizado, para airear un poco el ambiente tóxico que estamos respirando día a día, para dejar entrar un poco de aire fresco a nuestras vidas. Para esta ocasión, hemos elegido un poema de Gabriel Celaya: “ La poesía es un arma cargada de futuro”:

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante más se palpita 
y se sigue más acá de la conciencia 
fieramente existiendo, ciegamente afirmando, 
como un pulso que golpea las tinieblas, 

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que siento excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para pobre, poesía necesaria,
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir quién somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mi a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo que por eso con técnica, que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 Cuando el autor, Gabriel Celaya, se refiere a la poesía, cuando dice por ejemplo “poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto”, etc.  creo que deberíamos entenderla en un sentido amplio. No limitarla tan sólo a poemas o composiciones en verso más o menos logradas sino verla también en todo aquello que ensancha nuestros corazones, que ilumina nuestra cara, que nos da ilusión y esperanza, que le da sentido a nuestros sufrimientos, que nos hace levantar la vista del suelo y mirar más allá hacia el horizonte lejano, que nos muestra la belleza del mundo. En este sentido, poesía sería para mí también contemplar una bella puesta de sol, escuchar una música que nos exalta el corazón, ilusionarnos con un proyecto, enamorarnos, ayudar a otro ser humano, pensar que otro mundo es posible…

Podemos leer la poesía, por supuesto, pero mejor todavía escucharla. De muchos es conocida la versión cantada de Paco Ibáñez, pero he elegido una versión menos popular seguramente, y no por ello menos emotiva, la interpretada por nuestro querido cantautor y poeta Joan Manuel Serrat:

Alguien dijo que las palabras pueden ser más fuertes que las balas: ¿quién podría dudarlo después de escuchar esta bella composición poética?

domingo, 8 de julio de 2012

La teoría la tengo clara, pero la práctica...


Es un comentario que sale con frecuencia en mi consulta, y sobre el que quisiera hacer una pequeña reflexión. Si tienes clara la teoría, pero a la hora de la verdad no consigues ponerla en práctica es justamente por eso, porque te falta la “práctica”. Es así de sencillo. Si tu conoces perfectamente el diseño de un coche y su funcionamiento, sólo con esto ¿ya sabes conducir? No, ¿verdad? Y ¿por qué? Pues porque tienes que coger el coche y practicar. Te pongo otro ejemplo, si tú ya eres plenamente consciente de que fumar perjudica seriamente la salud, ¿con eso ya te basta para dejar de fumar? Pues no. Entonces, ¿qué falta? Diseñar un plan o unas estrategias para dejar de fumar (por ejemplo, utilizar alguno de los métodos que te pueden ayudar), o bien en este caso, dejarlo sin más y aguantar el “mono”. Pero, siempre tienes que hacer algo: de forma mágica, no vas a conseguirlo. En otras palabras, por más clara que tengas la teoría en la mayor parte de casos, no va a ser suficiente para conseguir un cambio.

Ah, pero volvamos al ejemplo del tabaco: ¿y si averiguáramos las causas por las que fumas (o por las que haces cualquier otra cosa)? Bueno, imagina que llegamos a la conclusión de que empezaste a fumar en la adolescencia, un poco por la presión del grupo de tus iguales, un poco porque esto era un acto de rebeldía contra tus padres, etc. o porque tienes una fijación en la etapa oral o por el motivo XY. Ah, ¿entonces ya dejarás de fumar? Pues… eso… ejem… me parece que no es suficiente tampoco.

Entonces, tanto si tu problema es que tiendes a ver las cosas de manera muy negativa como que tienes crisis de ansiedad o alguna fobia (por poner algunos ejemplos), y te has leído muchos libros de autoayuda y demás, has escuchado miles de consejos bienintencionados, te has prometido un montón de veces que cambiarías, etc. y has conseguido cero resultados, ¿qué tienes que hacer? Pues, habrá que diseñar unas estrategias concretas adecuadas a tu caso particular para que lo puedas superar, para que se produzca el cambio deseado. Y, acto seguido (y ahí está el quid de la cuestión), deberás ponerlas en práctica, repetir determinados procedimientos una y otra vez, lo cual requerirá esfuerzo y constancia y, con toda probabilidad, hacer cosas que quizás no te apetezca hacer o que, incluso, inicialmente te provoquen mayor inestabilidad. En otras palabras, práctica, práctica y práctica.

 Y te aconsejo que no te fíes de métodos “milagrosos” que te prometen cambios demasiado rápidos y sin apenas esfuerzo por tu parte (no se dan duros a cuatro pesetas), ni tampoco que esperes que el psicólogo/a u otro profesional de la ayuda haga todo el trabajo por ti o tenga una varita mágica que te dará la clave definitiva de tus problemas.

Por lo que se refiere a los libros de autoayuda, yo recomiendo su lectura porque te ayudan a ser más consciente de lo que te pasa y suelen aportar información muy útil, pero los ejercicios que a veces traen son demasiado “talla única”, a veces no sirven para un caso concreto, aparte de que los tienes que hacer por libre, sin supervisión y eso es más complicado. Y lo peor de todo, es que en muchos casos, ni siquiera intentamos ponerlos en práctica. Con lo cual, los lees, te sientes mejor pero después todo vuelve a estar como antes.

miércoles, 4 de julio de 2012

Otro mundo no sólo es posible sino que es completamente necesario


Siguiendo el hilo de la última reflexión que hice en este blog (“La peligrosa visión individualista del éxito y del crecimiento personal”) quiero denunciar esa vorágine neoliberal que, en nombre de esa “libertad” malentendida (y que quizás los psicólogos también hemos contribuido a divulgar) en la que prima el individualismo más exacerbado, el poder del más fuerte, la ley de la jungla, se está condenando a colectivos enteros de personas a la miseria y a la desesperación. Como psicólogo, como ciudadano de un mundo que quiero más libre y más justo, no puedo ni quiero desviar la mirada. Y para ello, uno públicamente mi voz de protesta a la de ATTAC España, cuyo manifiesto se expresa en los siguientes términos (copio literalmente):

. Comunicado de ATTAC España (http://www.attac.es/)  aprobado por su Asamblea General de 23 y 24 de junio de 2012

Desde su mismo inicio ATTAC España ha denunciado el proceso de construcción de una Europa neoliberal a espaldas y contra los ciudadanos, gobernada con mano de hierro por los intereses de los ricos bajo la dirección impersonal de los llamados “mercados”.

El catálogo de problemas que enfrentamos es intimidatorio.

1– Este próximo julio entra en funcionamiento el más perverso mecanismo de dictadura económica en Europa que garantice la irreversibilidad de las políticas antisociales, el conocido como MEDE y que asegura que las perdidas se socialicen mientras el casino especulativo sigue su juego perverso.

2– Por otro lado la UE sigue siendo incapaz de garantizar en el area económica más poderosa del planeta derechos humanos como son la sanidad, la educación, la vivienda, el empleo e incluso la alimentación.

3– Esta misma UE es uno de los mayores contribuyentes a la destrucción de las condiciones planetarias que permiten la supervivencia de la especie y sigue estando entre los mayores productores y exportadores de instrumentos de destrucción que alimentan las guerras de rapiña en los países más pobres del planeta.

4– Los mismos autores de este desastre siguen dirigiendo a las sociedades pretendiendo que no existe otra forma de solucionar estos problemas que reincidir en las políticas que nos han llevado al estado actual de emergencia en un ejercicio de desmemoria e incluso demencia que ralla en el comportamiento suicida.

Por ello desde ATTAC ESPAÑA nos negamos a aceptar como inevitable este estado actual de cosas y apelamos a los ciudadanos a enfrentar esta intolerable situación poniendo los valores humanos de la igualdad la solidaridad y la democracia por encima del lucro y el ansia de poder que nos llevan a un desastre de proporciones planetarias

viernes, 29 de junio de 2012

La peligrosa visión individualista del éxito y del crecimiento personal

 
Hay una visión individualista/ prepotente que valora mucho la “libertad” (o un determinado concepto de libertad),  muy vinculado a teorías, lemas (recordar el famoso “yes, you can”) y libros de moda (El secreto, por ejemplo) y que básicamente supone que cada uno de nosotros es “totalmente” responsable de su propio bienestar (psicológico y físico) y que tiene todo el derecho a buscarlo. En mi opinión, aplicado con mesura es positivo ya que estimula la superación individual, pero entendido demasiado al pie de la letra es un modelo de omnipotencia y de exaltación de la propia persona, que no quiere aceptar el dolor ni las cosas imperfectas ni las limitaciones naturales y que supone, entre otras cosas, que el bienestar colectivo se autorregulará por sí solo si cada uno de nosotros busca lo mejor para sí mismo, lo cual es verdad hasta cierto punto pues cuando el contexto ambiental aplasta al individuo, difícilmente podrá éste conseguir grandes cotas de felicidad personal o necesitará un esfuerzo titánico para ello. Y ahí quisiera mostrar un cierto paralelismo con la idea de capitalismo salvaje en que se supone que ha de primar la libertad de mercado, la iniciativa individual, etc., por encima de la justicia y el bien social, ya que de esta manera se autorregula el mercado de una forma “saludable” y “democrática” (aprovecho para comentar que creo que la palabra “democracia” es una de las palabras que más se ha ensuciado en los últimos tiempos)
  Frente a esta visión/ manera de hacer las cosas, podríamos anteponer una visión más “humanista/ ecológica” en que quizás no se busque tanto la exaltación del bienestar individual y, por el contrario, se persiga más la búsqueda de sentido y del bienestar colectivo/ global. El nivel de bienestar colectivo también aumentará el nivel de bienestar individual y lo hará más estable y, evidentemente, se creará un sistema más justo y solidario. Este modelo asimismo supondría que, a veces, también se le otorgue sentido a sacrificarse para otra persona, grupo de personas, o causa en la que se crea siempre que sacrificarse no suponga “autoinmolarse” o “autodestruirse”, es decir, poniendo límites razonables. En otras palabras, la búsqueda del bienestar individual no ha de estar reñida con la búsqueda del bienestar colectivo, y viceversa, sino que ambas se han de complementar y equilibrar. Y la conciencia de nuestros límites no ha de estar tampoco reñida con el sano deseo de superación personal.

lunes, 25 de junio de 2012

¿Podemos cambiar?


En un primer momento, me siento tentado a decir “sí, por supuesto”. Pero si me paro a pensar, veo que la respuesta no es tan sencilla y que exige algunas matizaciones:
1-    Depende de lo que pretendamos cambiar. Hay cosas que se pueden cambiar y otras que no. Hay cosas que se pueden cambiar hasta cierto punto pero no del todo, etc. Por ejemplo, no puedo cambiar el color de mis ojos ni la altura que mido. Tampoco, si soy introvertido puedo convertirme en una persona extrovertida, o viceversa. En otras palabras, no puedo cambiar el núcleo de mi personalidad. Ni hace falta que lo haga, pues cada uno de nosotros está “completo” en su esencia. El buey no tiene que convertirse en caballo, la rosa no ha de convertirse en amapola, yo no he de ser tú, ni tú has de ser yo. Cada cosa, cada persona tiene su lugar y su función en el mundo. Pero… sí puedo cambiar (o mejorar) muchas de las actitudes, creencias, formas de comportarme, etc. que he ido adquiriendo a lo largo del tiempo y que decido que no me hacen bien. Todo lo que se aprende se puede desaprender, al menos hasta cierto punto, quizás no del todo a veces, es cierto. Si, por ejemplo, uno de mis “defectos” es que soy demasiado perfeccionista, quizás nunca llegue a ser un “pasota” (ni debo serlo) pero puedo “equilibrar” esta forma de ser, relajarme, exigir y exigirme menos, al menos en cosas que no son tan importantes. Y lo mismo podemos decir de cualquier otra característica personal. Además, cada rasgo o característica tiene su lado positivo y su lado negativo, y no se trata tanto de “anularlo” como de hacer crecer la parte positiva e inhibir, en lo posible, la negativa. Es como cultivar un jardín: riego las flores y podo las malas hierbas. Pero, ¿qué pasa si sufro una depresión, tengo una fobia, etc.? ¿puedo cambiar esto? Y si lo cambio, ¿no volveré a tener recaídas? Bien, digamos que, en el mejor de los casos, puedo superar totalmente esta patología y, en el peor, puedo no superarlo al 100 % o/y sufrir algunas recaídas (por ejemplo, en momentos de mi vida en que sufra un estrés importante) pero como mínimo tendré, si sigo los pasos apropiados, muchos más recursos que antes para afrontar el problema cuando se presente y, con toda probabilidad, se presentará con mucha menos frecuencia e intensidad. Traducido a otro contexto, si por ejemplo, me rompo una pierna puedo curar el hueso roto y volver a andar, aunque en algunos casos pueda quedarme alguna secuela. A veces, hay tendencias de nuestra personalidad que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, pero al menos hemos de y podemos aspirar a una sensible mejoría. De no ser esto posible, la psicoterapia no tendría razón de ser, sería un fraude.

2-   Para cambiar se han de dar algunas condiciones:   a) que quiera realmente cambiar,     b) que utilice los medios o ayuda adecuados,      c) que le dedique el esfuerzo y tiempo necesarios.       Si falla alguna de estas condiciones, fallará todo el proceso. No es suficiente con que se dé alguna de ellas, se han de dar todas. Todos quisiéramos soluciones mágicas, pero en la vida real no las hay. Si antes, has intentado cambiar algo de ti y no lo has conseguido, antes de concluir que no puedes mira si ha podido fallar alguna de estas condiciones.

3-   Podemos cambiarnos a nosotros mismos (hasta un punto razonable, insisto y de acuerdo con lo expresado en los dos puntos anteriores) pero, la mala noticia (o buena, según se mire), es que no podemos cambiar a los demás (si ellos no quieren o no colaboran en el proceso): a lo sumo podemos, con nuestro comportamiento, aumentar la probabilidad de un cambio. Digo esto, porque se da la paradoja de que a veces pensamos justo lo contrario, y en ello podemos malgastar muchas energías inútilmente. Si los demás no cambian, hazlo tú y algo se moverá.

“Ah, pero ¿he de cambiar?” “y si lo hago, ¿no perderé mi esencia?, ¿no dejaré de ser yo?”, imagino que me preguntas a continuación. Bueno, de esto si te parece hablaremos otro día


miércoles, 20 de junio de 2012

Luchar contra el impulso de controlarlo todo

  A menudo (a unas personas más que a otras, es cierto), nos gustaría controlarlo todo, sentir que no se nos escapa nada y que, de esta manera, nada malo nos podrá ocurrir, ni a nosotros ni a nuestros seres queridos. Pero… eso no es posible y con esa actitud, agobiamos a los demás y nos condenamos a estar siempre desbordados.

Nos conviene:

-      Comprender que el mundo es imprevisible y que nosotros no somos omnipotentes, y que vivir (para bien y para mal) conlleva siempre una cierta dosis de incertidumbre e inseguridad (lo contrario podría ser también sumamente aburrido) y que más nos vale aceptarlo y tolerarlo: querer controlar lo incontrolable, aparte de ser absurdo, sólo nos llevará a la paradoja de un mayor descontrol.

-      Dejar de sobreproteger, de sobreplanificar y/o de querer siempre anticiparnos a todo tipo de contratiempos.

-      Aprender a aceptar los problemas como parte de la vida y verlos como lo que son: problemas (que hay que solucionar o aprender a convivir con ellos de la mejor manera posible) pero no como dramas inaceptables.

-      En suma, aprender a tolerar la frustración (de lo inevitable), a asir (lo bueno de la vida, lo que le aporta sentido, lo que nos hace crecer) y a soltar (lo tóxico, lo que nos hace daño o lo que ya se ha terminado o no podemos asir por más que nos lo propongamos)

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viernes, 15 de junio de 2012

¿Preocuparnos u ocuparnos? ¿cavilar o reflexionar? ¿comernos el coco o actuar?

  La preocupación es, en la mayoría de los casos, una cavilación estéril que no nos conduce a la solución del problema ni tampoco a sentirnos realmente mejor. Otra cosa diferente es el análisis reflexivo, el ocuparse de algo. Podemos confundir ambas cosas pero no son lo mismo.

Cuando nos preocupamos, normalmente:

-       Nos centramos en el problema y tendemos a magnificarlo, le damos 1.000 vueltas (normalmente en círculo volviendo una y otra vez a las mismas conclusiones), etc.

-       Tendemos a juzgar o a juzgarnos. Buscamos faltas, errores, culpables…

-       Hacemos simplificaciones excesivas, tendemos al blanco/ negro, a la dramatización…

-       Insistimos en conocer el por qué, tendemos al victimismo…

-       Tendemos a abordar las situaciones de manera general y global

A diferencia de cuando nos ocupamos de forma responsable y madura de algo en que:

-     Nos centramos en la búsqueda de soluciones, la reparación o la prevención.

-     Tendemos a relativizar, a no agrandar el problema, a analizar de forma objetiva y racional…

-     Intentamos comprender en lugar de juzgar,

-     Tenemos en cuenta la complejidad, intentamos ver las cosas desde diferentes ángulos…

-     Nos enfocamos más bien en el futuro, miramos hacia adelante en lugar de hacia atrás, buscamos el “cómo” (¿cómo puedo hacer para mejorar X o para sentirme mejor?) en lugar del “por qué” (¿por qué me pasa esto?, ¿por qué fulanito/a no entiende esto o no hace lo otro?, etc.)

-     Tendemos a abordar las situaciones paso a paso, y de forma concreta.